La galopada apoteósica

Sigamos un poco con la poética del fútbol, esta vez de la mano de José Miguelez y su crónica de la final para Público. Para poner chinita la piel:

Fue una galopada apoteósica que arrasó con la historia, con la fatalidad crónica que este equipo llevaba cosida al escudo, con tanta y tanta desdicha y desilusión acumulada. Y eso que Torres perdió el primer intento, se dejó adelantar por Lahm tras la arrancada. Pero fue precisamente entonces cuando el nueve se acordó de lo que representaba y dijo que no y que no.

Se cargó sobre la espalda el tiro de Cardeñosa, el desliz de Arconada, el penalti de Eloy, la barrera de Michel, la máxima pena de Raúl, el gol de Salinas, los penaltis de Inglaterra, las lágrimas de sus antepasados, el desencanto de tantas y tantas generaciones, y se puso otra vez a correr, a galopar, a volar.

Le ganó un sprint a la leyenda, pasó por la derecha de Lahm como un cohete y cuando llegó a la altura de Lehman le picó la pelota de manera sublime. Gol, gol, gol, gol, gol. El grito que España llevaba tanto tiempo esperando. La Eurocopa.



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